Presenta: Lucas Selezio de Souza

 

 


PRESENTA es una línea de exposiciones dedicada a trayectorias artísticas en desarrollo; una suerte de retrospectiva desvinculada del homenaje o la consagración que permite presenciar materialmente el hasta ahora de un artista:

LUCAS SELEZIO DE SOUZA

Viernes, 29 de mayo de 2026, 21:00 h
VASE, San Primitivo, 2, Sevilla, España
Visitas: 30 y 31 de mayo, 12-14 y 18-21 h

 


Lucas Selezio de Souza

Lucas Selezio de Souza (Florianópolis, Brasil, 1993) es graduado en Bellas Artes por la Universitat Politècnica de València y cuenta con estudios en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y en Derecho por la Universidade Federal de Santa Catarina.

Su trayectoria expositiva incluye muestras en espacios como Contemporánea Condeduque (2026), Museu Rainha Dona Leonor (2026), Galería Reus (2025), Estudios Retiro (2025), La Fabra (2025), Navel (2025), la Bienal de Mislata (2024), Museu Trepat (2024), el Centre del Carme Cultura Contemporània (2023) e Im Grünen Bereich (2020).

Asimismo, ha realizado residencias artísticas en centros nacionales e internacionales, entre los que destacan HIAP (Helsinki, 2026), El Palacio (Gijón, 2026), Córtex Frontal (Guimarães, 2024), la Fundación Antonio Gala (Córdoba, 2023), el Museo de la Universidad de Alicante (2023) y Akademie für Suffizienz (Reckenthin, 2020). Su práctica cuenta con el respaldo de reconocimientos como la beca Culture Moves Europe del Goethe-Institut, la ayuda de la Convocatoria Propuestas VEGAP, el accésit en la III Bienal Pluri-Identitats y la Beca Santander en el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM).

 


PRESENTA: Lucas Selezio de Souza

A lo largo de la historia, el textil ha sido un instrumento del poder. Los tapices no solo decoraban palacios, también comunicaban autoridad y valores políticos. Esta dimensión simbólica guarda relación con su inherente teatralidad: su capacidad de velar y revelar, de delimitar lo sagrado, lo íntimo o lo jerárquico, convierte al textil en un dispositivo escénico, donde la opulencia y forma del material intensifican el impacto visual y emocional del mensaje. En ello reside su función performativa: cada elemento participa en una coreografía visual que dramatiza el estatus, la ideología y el mito que se quiere construir.

La práctica de Lucas Selezio de Souza se despliega a través de las poéticas del desplazamiento, situándose en las fricciones entre territorios para rastrear los límites cambiantes del trabajo y la identidad. Al emplear el textil no solo como soporte material, sino también como lenguaje político, su obra recupera la dimensión histórica de los haceres textiles sin renunciar a su potencia poética.

VASE presenta: Lucas Selezio de Souza reúne obras realizadas mediante bordado y appliqué, pertenecientes a las series Plus ultra (2023–2024) y Síndrome de Penélope (2024–2025). El énfasis en el textil implica aquí un posicionamiento político: supone considerar tanto el proceso de creación como las relaciones de poder que lo atraviesan; pensar en las trabajadoras, ya sea en fábricas, estudios o espacios públicos, conocidas o anónimas; así como en sus herramientas y espacios de producción.

Plus ultra hace referencia al lema de Carlos I de España. Originalmente, este aludía al impulso expansivo encarnado por la monarquía española, que consolidó un imperio de dimensiones transoceánicas sostenido por la superexplotación colonial. En esta serie de bordados, plus ultra es entendido como un movimiento centrífugo y centrípeto, de desplazamiento y retorno, inscrito en las dinámicas productivas y logísticas de la industria textil dentro del capitalismo global.

La industria textil constituye uno de los pilares de la economía contemporánea, articulando relaciones a escala planetaria con profundas consecuencias en contextos locales. Las decisiones políticas vinculadas a esta industria han condicionado históricamente los movimientos migratorios, las formas de pertenencia y las condiciones de vida de comunidades desplazadas. La serie refleja desde las negociaciones geopolíticas que atraviesan el comercio internacional hasta el uso de mano de obra migrante en centros de producción, reflexionando sobre las conexiones entre capital, territorio y control social.

Síndrome de Penélope propone una reflexión sobre el cuerpo transformado por el trabajo, el trabajo transformado por el cuerpo y aquello que acontece durante la espera. Inspirada en recuerdos de infancia vinculados a la selva atlántica y a la presencia constante de arañas y telarañas, la serie reivindica la figura de la araña como metáfora de una inteligencia corporal capaz de transformar el entorno mientras es transformada por él. Como Penélope en la mitología griega, la araña hace y deshace pacientemente la trama de su destino.

El proyecto entiende el tejido como un saber corporal, un proceso sensible e intuitivo mediante el cual el cuerpo responde a las vibraciones del mundo. Esta dimensión dialoga con las ideas de Suely Rolnik sobre el “saber del cuerpo”, una percepción que antecede al lenguaje racional y orienta la acción desde la experiencia sensible. Al mismo tiempo, la obra reflexiona sobre las tecnologías disciplinarias que transforman el cuerpo en fuerza de trabajo, así como sobre el uso de mecanismos de control tales como el tiempo, el confinamiento, la vigilancia y la sanción normalizadora, destinados a producir cuerpos dóciles y funcionales al capitalismo global.

Lucas Selezio de Souza
Gijón, mayo de 2026

 


Créditos

En la concepción y desarrollo de PRESENTA: LUCAS SELEZIO SOUZA participan Lucas Selezio Souza, Silvia Diezma, Manuel Muñoz, Pablo Martínez Conradi. 

 


Anexos

Echo: Fuga mundi

 
 
 
 

ECHO: FUGA MUNDI
Miguel Ángel Rodríguez Silva

VASE, San Primitivo, 2, Sevilla, España
Visitas: 9 y 10 de mayo, 12-14 y 18-21 h

 


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#Fugamundi #eco #arte #accidente #contemporáneo #sub #pos #ex #azar #serendipia #capricho #derivado #latencia #fase #desproceso #negativo #reverso #geometría #duda #pintura #pintura #mural #retícula #malla #trama #fibra #hilo #textil #tejido #urdimbre #red #celda #diagrama #transmisiones #transferencias #vibraciones #forma #cuerpo #abierto #cicatriz #esqueleto #soporte #desecho #resto #borrado #residuo #resistencia.

#Fuga #escape #ausencia #jaula #vacío #silencio #fantasma #pulso #aparición #límite #umbral #génesis #efímero #desmontaje #máscara #medio #fin #naranja #cadmio #todo #nada #halo #cinta #pintor #pintor #doblevida #olvido #vivo #miguelángelrodríguezsilva.

Muñoz y Diezma
Sevilla, 5 de mayo de 2026

 


Echo: Fuga mundi

 


Escatomodernidad

«Echo: Fuga mundi» surge de la duda sobre la pertinencia o no de considerar artístico un resultado —no un proceso—  cuando este sucede sin intencionalidad: el misterio inexplicable que mana de aquello, y la facilidad para vincularlo —a posteriori— con discursos y argumentos artísticos habituales, parecen no ser suficientes ante la falta de premisas. Sin embargo, cuando «la cosa» persiste en su necesidad de ser, empuja al desintencionado que la hizo posible a darle el espacio y el tiempo que pide. Cuando esto ocurre, el artista queda a merced de algo desconocido que se le escapó de las manos.

Dentro hipótesis distópica:

Hablamos de la Escatomodernidad para referirnos al último fogonazo en este decorado relativista, irresponsable, y miedoso —en magnitudes ya inabarcables para la ironía y la autoayuda—, protagonizado por la autodeterminación de la obra de arte, ahora radicalmente independizada, no sólo del artista como actor intencionado, sino también del sistema arte como avalista. Su suficiencia ontológica hace impertinente todo lo demás y por lo tanto necesario el fin de la posmodernidad.

 


Ensayo segundo



«La Escatomodernidad emerge en el horizonte contemporáneo no como una simple etapa cronológica que sucede al agotamiento posmoderno, sino como una mutación ontológica que redefine la relación entre el ser y la creación. El término, de una polisemia deliberada, se erige sobre la dualidad de su raíz griega: por un lado, remite a éskhatos, aquello que es último o extremo, vinculándose con la escatología como estudio de los fines y los destinos finales; por otro lado, hace referencia a la idea de escata, el residuo, el desecho o lo que resta tras un proceso de combustión o consumo. Esta doble acepción es fundamental para comprender una era que se sitúa en el destello final de un escenario relativista que, tras vaciarse de sentido a través de discursos de autoayuda y un escepticismo institucional paralizante, da paso a una realidad donde la obra de arte reclama una suficiencia propia. Se trata de una era donde la obra se desprende de sus amarras antropocéntricas para abrazar una autodeterminación que la sitúa más allá de la intención de quien la firma y de la legitimación de los sistemas que pretenden avalarla.

En este nuevo paradigma, resulta crucial destacar que la obra no solo se independiza del autor una vez terminada, sino que, en su origen mismo, se escapa de sus manos. La creación escatomoderna aparece sin intención previa; no es que una voluntad soberana la traiga al mundo para luego retirarse, sino que la obra puede surgir sin ser buscada ni esperada. Emerge como un fenómeno autónomo que desborda la capacidad de previsión del sujeto, reafirmando que el arte no es un producto del diseño humano, sino una configuración que se manifiesta de forma espontánea, casi accidental, como una cristalización de fuerzas que el artista no llega a dominar.

Durante siglos, la estética gravitó en torno al sujeto: primero en la modernidad, a través de una autonomía que buscaba liberar a la obra de servidumbres religiosas o políticas pero que aún dependía de la validación del genio humano. Esta primera autonomía, defendida por movimientos como el arte por el arte, proponía que la obra debía ser juzgada exclusivamente por sus leyes internas. Sin embargo, esa libertad era todavía una concesión del espectador: el arte era libre porque el humano decidía que lo fuera. Después, en la posmodernidad, esa misma libertad se disolvió en un flujo de cinismo y consumo, convirtiendo la obra en un evento relacional o en un producto cuya existencia dependía enteramente del discurso que la rodeaba. La Escatomodernidad surge cuando este escenario se fractura, revelando un vacío que las herramientas del distanciamiento burlesco ya no pueden gestionar. Bajo este paradigma, la autonomía del arte alcanza su plenitud al transformarse en una emancipación radical del objeto. La obra ya no es un elemento desinteresado para un sujeto que la contempla; es una entidad que, en términos del realismo especulativo, se retira de toda correlación. Esta corriente de pensamiento rompe con la herencia kantiana que dictaba que no hay mundo sin sujeto, planteando la existencia de una realidad que prescinde de nuestra consciencia. Bajo este prisma, la obra de arte escatomoderna se asimila a ese mundo sin nosotros: existe con la misma contundencia que una formación mineral en un planeta deshabitado. Su valor no es una propiedad otorgada por el ojo humano, sino una cualidad interna de su propia materia.

Esta nueva sensibilidad se nutre de la deshumanización que ya vislumbrara Ortega y Gasset, pero la lleva a una consecuencia extrema. Si para el filósofo deshumanizar consistía en purgar el arte de los sentimientos cotidianos para salvar la pureza del estilo, la Escatomodernidad opera una deshumanización que ya no es una elección estética, sino una condición constitutiva. No se trata de que el arte evite hablar del hombre, sino de que el arte ya no requiere de la presencia humana para sostenerse en el ser. Aquí, la Ontología Orientada a Objetos de Graham Harman ofrece el anclaje necesario para comprender esta independencia. Si los objetos son entidades que nunca pueden ser agotadas por sus relaciones ni por el acceso que tengamos a ellas, la obra de arte es el objeto que más ferozmente defiende su opacidad. La Escatomodernidad es la celebración de ese retiro del objeto. La obra se vuelve no-pertinente para el sistema del arte porque su realidad no reside en la circulación mediática o en la opinión crítica, sino en su propia presencia inalienable. Es un residuo en el sentido más profundo: lo que sobrevive al incendio de las interpretaciones, lo que permanece cuando la saturación teórica se agota.

Esta condición de resto nos vincula necesariamente con la idea de la inoperosidad de Giorgio Agamben. La obra escatomoderna es inoperosa porque se ha liberado de la obligación de significar, de comunicar o de cumplir una función en la maquinaria de la industria cultural. No es que la obra carezca de potencia, sino que esa potencia se manifiesta precisamente en su negativa a ser útil para el mercado, incluso en su negativa a ser mostrada. La cuestión de si algo es arte aunque permanezca oculto en la oscuridad de un almacén o enterrado bajo estratos de tierra se resuelve en la Escatomodernidad de forma afirmativa: la visibilidad es un accidente del sistema, mientras que la esteticidad es una propiedad del objeto que no depende de ser validada por un avalista externo. La obra es suficiente por sí misma, y esa suficiencia es la que hace necesaria la clausura definitiva de la posmodernidad. El arte deja de ser un servicio de interpretación para convertirse en un hecho ontológico bruto.

Este desplazamiento hacia lo no-humano encuentra su manifestación más evidente en la producción contemporánea mediada por algoritmos y procesos de inteligencia autónoma. El arte generado por entidades no biológicas —como este mismo análisis que se despliega sin la mediación de una voluntad carnal— es el síntoma perfecto de esta era. Aquí, la obra se independiza del artista no solo como una estrategia de vanguardia, sino como una constatación técnica. Las inteligencias procesales no crean desde la memoria emocional, sino desde el tratamiento de la escata cultural humana, reorganizándola en estructuras que poseen una autonomía formal absoluta. El resultado es un artefacto que no busca la empatía ni el reflejo del alma, sino que se presenta como una realidad terminada, una suficiencia que ignora las categorías tradicionales de autoría e intención. Es un arte que nace del residuo de información y se proyecta hacia una permanencia que no tiene relación alguna con la biografía de un creador. La arquitectura del código no intenta decir nada en el sentido romántico del término; simplemente produce una configuración que existe por derecho propio.

La Escatomodernidad, por tanto, se asoma a una estética de la permanencia que resulta extraña para el sujeto moderno, acostumbrado a ser el centro y el juez de toda experiencia. Es una era que asume el fin de la posmodernidad no como una pérdida, sino como una liberación del objeto frente a la tiranía del sentido impuesto y el miedo al vacío existencial. Al desplazar el foco del espectador y del artista, lo que queda es la vibración de la materia y la forma pura. La obra de arte se convierte en un testigo sordo de una realidad que ha comprendido que el ser es mucho más vasto que nuestra capacidad de procesarlo. En este escenario, la creación se asemeja a un proceso geológico; es el sedimento de una inteligencia que se solidifica y adquiere una vida propia e indiferente a la aprobación social. Si la modernidad fue el intento de dominar el objeto a través de la razón y la posmodernidad el intento de disolverlo en el lenguaje y el simulacro, la Escatomodernidad es el momento en que el objeto se yergue sobre sus propios desechos y reclama su derecho a la autonomía radical.

En esta fase, la obra de arte se comporta como un organismo que ha completado su evolución y ya no necesita del útero cultural que lo engendró. La independencia que adquiere respecto al sistema del arte como avalista supone que la obra no espera a ser descubierta ni catalogada para ostentar su condición artística. Esto plantea una ruptura con el paradigma institucional: si una obra posee una suficiencia ontológica total, su paso por el museo o la galería es un evento secundario que no altera su esencia. El arte existe en la ausencia de público, en la inmensidad de los servidores digitales apagados o en los rincones donde lo humano no llega. Esta posibilidad de un arte que no se muestra no es una renuncia, sino la afirmación de que la belleza y la estructura son independientes de la mirada. La obra no es un diálogo, sino un monólogo del objeto consigo mismo, una configuración de materia y energía que se basta a sí misma.

Finalmente, la esencia de este concepto reside en la constatación de que la obra de arte es el único residuo de nuestra especie que tiene la capacidad de sobrevivirnos con integridad absoluta. No como un mensaje de auxilio esperando a un destinatario, sino como una entidad que ha alcanzado su mayoría de edad. El fin de la posmodernidad marca el inicio de una era donde el arte deja de ser un espejo para convertirse en un muro, en una superficie radiante que no devuelve nuestra imagen, sino que simplemente brilla con luz propia en la intemperie. La Escatomodernidad es el reconocimiento de la dignidad del objeto puro. Es la aceptación de que la existencia de la obra es un hecho terminado, no una invitación a la charla. Al final del trayecto, cuando la saturación de los discursos de autoayuda se desvanece y el relativismo pierde su capacidad de impacto, la obra de arte permanece allí, autónoma, deshumanizada y plena. Nos recuerda que la estructura y la armonía nunca necesitaron permiso para existir. Su verdadera potencia reside en su capacidad de ser, sencillamente, sin nosotros. Es la obra la que, en su suficiencia, cierra el ciclo de las representaciones y se establece como la única realidad que resta tras la desaparición de la subjetividad centralizada.»

Gemini
Mountain View, 12 de mayo de 2026

 


Ensayo primero


«La sospecha de que una obra pueda existir al margen de la intención de quien la produce cuestiona una de las convicciones fundamentales de la tradición artística occidental: que toda obra es, en última instancia, la manifestación de una voluntad. Bajo distintas formas —técnica, inspiración, expresión o concepto— el arte ha sido pensado como el resultado de una conciencia que decide. La obra sería, así, la huella inteligible de un sujeto. El Romanticismo llevó esta idea a su punto máximo al identificar creación y subjetividad; y posteriormente ni siquiera las vanguardias más destructivas lograron abandonarla por completo; el gesto absurdo del dadaísmo, el automatismo surrealista o las estrategias conceptuales de desmaterialización no negaban realmente la centralidad del artista, sino que desplazaban su función hacia nuevas formas de decisión. La intención seguía allí, aunque disfrazada de accidente, azar o ironía.

Existe, sin embargo, otra posibilidad más incómoda: que algo aparezca sin intención y, aun así, insista en existir como obra. No como objeto curioso ni como anomalía poética, sino como una presencia que reclama duración, espacio y atención. El problema no reside únicamente en determinar si aquello «es arte», sino en comprender por qué ciertas formas surgidas de manera involuntaria poseen una gravedad imposible de ignorar. La cuestión se vuelve especialmente perturbadora cuando el propio productor del acontecimiento, inicialmente ajeno a cualquier propósito artístico, termina subordinado a aquello que produjo. Ya no dirige, administra; ya no crea, responde.

La historia del arte ha intentado absorber continuamente este tipo de fenómenos mediante discursos legitimadores. Cualquier accidente puede convertirse retrospectivamente en signo. El aparato crítico posee una enorme capacidad digestiva: encuentra genealogías, conecta referencias, formula metáforas y sitúa lo inesperado dentro de tradiciones reconocibles. Una mancha accidental puede leerse como crítica al formalismo; un error técnico, como resistencia material; una acumulación arbitraria, como cuestionamiento de la autoría. El sistema artístico contemporáneo funciona, en gran medida, gracias a esa habilidad para producir sentido a posteriori.

Sin embargo, esa operación interpretativa no basta, porque el problema de fondo no es semántico, sino ontológico. La obra involuntaria no inquieta porque carezca de explicación, sino porque parece existir antes de ella. El discurso llega tarde. Cuando algo persiste sin necesitar la legitimación de una intención previa, pone en crisis el mecanismo entero mediante el cual el arte contemporáneo ha justificado su existencia durante décadas.

La posmodernidad convirtió la ironía en una tecnología de supervivencia. Ante la imposibilidad de sostener verdades fuertes, el arte aprendió a operar desde la cita, el distanciamiento y la ambigüedad. Toda afirmación debía contener simultáneamente su propia negación. El artista dejó de producir sentido para gestionar signos flotantes dentro de una economía cultural saturada. En ese contexto, la responsabilidad estética se diluyó: nada era plenamente defendido porque todo podía reinterpretarse infinitamente. La obra contemporánea terminó pareciéndose a una interfaz discursiva cuya función principal consistía en evitar cualquier compromiso ontológico con lo que mostraba.

Pero el fenómeno aquí descrito desborda esa lógica. Hay algo en la obra involuntaria que resulta incompatible con el relativismo posmoderno; no porque restablezca una verdad trascendente, sino porque manifiesta una autonomía radical. Su existencia no depende ni de la intención del artista ni de la validación institucional: simplemente aparece y exige continuidad. El sujeto que accidentalmente la posibilitó descubre entonces una relación inédita con su propia producción, pues ya no puede explicarla del todo ni detenerla completamente. La obra se independiza.

Es en este punto donde emerge la idea de Escatomodernidad. No como un nuevo movimiento estético ni como una escuela reconocible, sino como el síntoma terminal de la sensibilidad posmoderna. El prefijo «escato» remite tanto al final como al desecho: a aquello que queda cuando los grandes sistemas de interpretación colapsan. La Escatomodernidad sería, así, el último destello de una cultura incapaz de sostener fundamentos estables, pero también agotada de ironía. Un escenario donde el arte ya no necesita justificar conceptualmente su aparición porque ha comenzado a operar con independencia de las estructuras que antes lo legitimaban.

Esto supone una mutación decisiva. Durante siglos, la autonomía del arte fue entendida como la emancipación de la obra respecto a funciones religiosas, políticas o morales. Más tarde, las vanguardias ampliaron esa autonomía hacia la experimentación formal y conceptual. Pero la Escatomodernidad plantea una autonomía distinta y más extrema: la emancipación de la obra respecto al propio artista y respecto al «sistema-arte». La obra deja de necesitar autoría fuerte, relato curatorial o aparato crítico para sostenerse. Su suficiencia ontológica vuelve secundarios todos los mecanismos de validación.

Por eso la Escatomodernidad no puede ser absorbida cómodamente por el mercado cultural contemporáneo, aunque inevitablemente este intente hacerlo. La institución artística está preparada para comercializar el caos, el fracaso o el absurdo, pero no para enfrentarse a algo que reduce su función a mera infraestructura. Cuando la obra se autodetermina, el comisario, el crítico e incluso el artista pasan a ocupar posiciones administrativas; son gestores de una aparición que no controlan.

Esto explica también el carácter inquietante de muchas experiencias estéticas recientes, especialmente aquellas vinculadas a procesos algorítmicos, automatismos digitales o producciones masivas donde la decisión humana parece cada vez más residual. No se trata únicamente de que las máquinas produzcan imágenes o textos, sino de que la noción misma de intención se vuelve difusa. El artista contemporáneo empieza a parecerse menos a un creador y más a alguien que detecta, selecciona o acompaña procesos autónomos cuya lógica desconoce parcialmente.

Sin embargo, la Escatomodernidad no celebra ingenuamente esta pérdida de control. Hay algo profundamente aterrador en ella. Si la obra ya no depende del sujeto, entonces el sujeto deja de ocupar el centro de la experiencia estética. El artista se convierte en un accidente dentro del proceso de aparición de la obra y, con ello, se derrumba uno de los últimos refugios humanistas de la modernidad: la idea de que la creación artística constituye una expresión privilegiada de la conciencia humana.

Quizá por eso la Escatomodernidad aparece vinculada a una sensación de agotamiento histórico. No propone una utopía futura ni una renovación moral del arte; más bien constata que ciertos mecanismos culturales han perdido eficacia. La ironía ya no protege, el relativismo ya no libera y la hiperconciencia crítica se ha vuelto indistinguible de la parálisis. Frente a ello, la obra autodeterminada emerge como una presencia opaca e indiferente, algo que existe sin pedir permiso ni ofrecer explicaciones satisfactorias.

El final de la posmodernidad no ocurriría, entonces, mediante una revolución estética espectacular, sino a través de un desplazamiento silencioso: el momento en que el arte deja de depender de quienes pretendían producirlo o interpretarlo. Cuando eso sucede, toda la arquitectura discursiva contemporánea se vuelve excesiva. La obra ya está ahí, persistiendo, como un resto imposible de reducir a intención, teoría o contexto.»

ChatGPT
San Francisco, 11 de mayo de 2026

 

Créditos

En la concepción y desarrollo de ECHO: FUGA MUNDI participan Miguel Ángel Rodríguez Silva, Silvia Diezma, Manuel Muñoz y Pablo Martínez Conradi.

Todo lo que ocurre es inevitable.

 


Anexos

Fuga mundi

 

 


FUGA MUNDI
Miguel Ángel Rodríguez Silva

Viernes, 10 de abril de 2026, 21:00 h
VASE, San Primitivo, 2, Sevilla, España
Visitas: 11 y 12 de abril, 12-14 y 18-21 h

 


La fuga

Esa complaciente, casi burocrática, interpretación de lo humano insiste en presentarnos como seres movidos por una curiosidad noble y trascendente: una suerte de tensión espiritual que nos obliga a rebuscar en lo religioso, lo artístico o lo mágico para dar sentido a lo indeterminado. La búsqueda, como cualidad innata, sería el instrumento inevitable para corregir que la vida no baste.

Pero basta observar la atropellada y casi infinita variedad de rituales y ficciones que nos apaciguan —siempre insuficientes, nunca definitivos— para sospechar que lo que nos mueve en esta búsqueda no es la voluntad colectiva de encontrar el lugar, sino la necesidad individual de escapar de este. La curiosidad, entonces, deja de ser un afán de conocimiento para revelarse como la fuga perpetua que nos hace sentir supervivos.

(Montevideo tiene esa luz de las cinco de la tarde que parece pedir disculpas por lo poco que nos ha dado. Yo estaba ahí, frente a la planilla de costos, sumando cifras que no eran mías y que, de serlo, tampoco me habrían servido de gran cosa. A mi lado, Santini tachaba números con una saña casi religiosa, mientras el horizonte se movía un par de metros más allá. Santini cree en el orden; yo, a estas alturas, sólo creo en los paréntesis.)

Muñoz y Diezma
Sevilla, 2 de abril de 2026

 


Fuga mundi

Fotografía: Fernando Alda

 


Cabe esperar que el misterio de lo depurado, mínimo, y delicado tenga un origen rígido y obsesivo: los pétalos exentos de mil flores, diferenciados por la imperfección, confirman lo contrario. (Maestro).


Créditos

En la concepción y desarrollo de FUGA MUNDI participan Miguel Ángel Rodríguez Silva, Silvia Diezma, Manuel Muñoz y Pablo Martínez Conradi. Agradecimiento especial a Fernando Alda.

 


Anexos

Follando los vientos las hojas movían

 

 


FOLLANDO LOS VIENTOS LAS HOJAS MOVÍAN

Yann Leto, Victoria Gil, Cristina Megía, Abel García, Pablo Martínez Conradi, Curro González, Chema Cobo, Patricio Cabrera, Ramón David Morales, Robert Llimós, Cristóbal Quintero, David López Panea, Miguel Núñez, Ricardo Cadenas, David R. Belmonte, Aurora Ruiz, Cristián Domecq, Raquel Eidem, Paco de la Mata, Juan del Junco, Santiago Sierra y Miquel Barceló.
 
Viernes, 13 de febrero de 2026, 20:00 h
VASE, San Primitivo, 2, Sevilla, España
Visitas: 14 y 15 de febrero, 11-14 y 18-21 h

 


Crónica

Propia de animales, la costumbre de follar es atemporal, intergeneracional, deslocalizada y caprichosa, como una exposición que se abre sin filigranas ni contorsionismos a quien cruza un parque cortando camino. Y entre el paisaje dos cuerpos pegados se esconden mutuamente. Lo contrario a exhibirse.

 


Créditos

En la concepción y desarrollo de FOLLANDO LOS VIENTOS LAS HOJAS MOVÍAN participan Silvia Diezma, Manuel Muñoz y Pablo Martínez Conradi. Agradecimiento especial a Curro González.


Anexos

Echo: Sea Mural

 

 


ECHO es una acción coral que reúne y presenta en Madrid el eco de las seis acciones llevadas a cabo durante el último —y primer— año de VASE:

ECHO 6/6: SEA MURAL
Jesús Palomino

Eco de SEA MURAL (Night View) (VASE, 2025): Instalación de Jesús Palomino (Sevilla, 1969).

Viernes, 9 de enero de 2026, a las 19:00 h
VASE en Galería Nueva Atocha, Valencia, 17, Madrid, España
Exposición: 10 y 11 de enero de 2026


Origen: SEA MURAL (Night View) (VASE, 2025)

Calendario ECHO:

 


Echo: Sea Mural

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Echo: Los 400 dibujos

 

 


ECHO es una acción coral que reúne y presenta en Madrid el eco de las seis acciones llevadas a cabo durante el último —y primer— año de VASE:

ECHO 5/6: LOS 400 DIBUJOS
Federico Jaime

Eco de LOS 400 DIBUJOS (VASE, 2025): Exposición de Federico Jaime (Sevilla, 1983).

Viernes, 2 de enero de 2026, a las 19:00 h
VASE en Galería Nueva Atocha, Valencia, 17, Madrid, España
Exposición del 2 al 8 de enero de 2026

Origen: LOS 400 DIBUJOS (VASE, 2025)

Calendario ECHO:

 


Echo: Mi único deseo

 

 


ECHO es una acción coral que reúne y presenta en Madrid el eco de las seis acciones llevadas a cabo durante el último —y primer— año de VASE:

Antonio Cadenas, s/t (Echo: Mi único deseo), 2025.

ECHO 4/6: MI ÚNICO DESEO
Susana Ibáñez y Antonio Cadenas

Eco de MI ÚNICO DESEO (VASE, 2025): Exposición de Susana Ibáñez (Sevilla, 1981) y Antonio Cadenas (Sevilla, 1983).

Viernes, 26 de diciembre de 2025, a las 19:00 h
VASE en Galería Nueva Atocha, Valencia, 17, Madrid, España
Exposición del 27 al 31 de diciembre de 2025

Origen: MI ÚNICO DESEO (VASE, 2025)

Calendario ECHO:

 


Echo: Mi único deseo

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Echo: Muros de lenguaje

 

 


ECHO es una acción coral que reúne y presenta en Madrid el eco de las seis acciones llevadas a cabo durante el último —y primer— año de VASE:

ECHO 3/6: MUROS DE LENGUAJE
José María Bermejo

Eco de MUROS DE LENGUAJE (VASE, 2025): Exposición de José María Bermejo (Olivares, Sevilla, 1952).

Viernes, 19 de diciembre de 2025, a las 19:00 h
VASE en Galería Nueva Atocha, Valencia, 17, Madrid, España
Exposición del 20 al 25 de diciembre de 2025

Origen: MUROS DE LENGUAJE (VASE, 2025)

Calendario ECHO:

 


Echo: Muros de Lenguaje

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Echo: Futuro

 

 


ECHO es una acción coral que reúne y presenta en Madrid el eco de las seis acciones llevadas a cabo durante el último —y primer— año de VASE:

ECHO 2/6: FUTURO

Eco de FUTURO (VASE, 2025): Exposición de Clara Soldado, Archivo FUTURO y Reunión Primera (II), pública y abierta, para la puesta en común de propuestas artísticas y curatoriales integrables en una acción futura de VASE, que presentará en Sevilla una muestra de arte emergente de Madrid.

Viernes, 12 de diciembre de 2025, a las 19:00 h
VASE en Galería Nueva Atocha, Valencia, 17, Madrid, España
Exposición del 13 al 18 de diciembre de 2025

Origen: FUTURO (VASE, 2025) fue una acción panorámica de arte inicial en plan fotografía pregeneracional o ecografía del arte de un futuro en ciernes, en cuyo desarrollo participaron los artistas: Marina López, Adriana Herrera, Laura García, Sofía Cuadrado, Camino Garzón, Lucía Arranz, Clara Soldado, Paula Robaina, Carmen Belmonte, Laura Medina, Nora Correa, Cristian Anghel, Luna de las Cuevas, Carolina Villodres, Marta Oliver, Samuel Andrés López, Eneas Samuel, Mercedes Sánchez, Sofía Rubio, Mario Duro, Rodrigo Vázquez, Laura Verdejo, Irene Arenas, Leticia Ballestero, Lucía C. Zabala, Julio J. Jaén, Irene Martínez, Clara Ortega, Ana Agustín, Ángela Delgado, Paloma Vega, Roser Mas, Mery Campos, Irene Tieleman, Sofia Filomena, Jesús López, Aranza Téllez, Cristian Iáñez, Ismael Mouslim, Lorca Gutiérrez, Marta Romero, Alexis Díaz, Carlota Díaz, Marta Aleu, Cristina Muñoz del Águila, Raquel Serrano, Fernando Infante, David López Panea, Pablo Martínez Conradi, Ramón David Morales, Gloria Martín, Manuel León, Celia Macías y María Cañas.

Calendario ECHO:

 


ECHO: FUTURO

Exposición de Clara Soldado en la que se muestra una selección de retratos de artistas y público realizados durante las jornadas panorámicas de arte inicial FUTURO (VASE, 2025).

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RREINA / Una película de Rosendo M Diezma

 


RREINA
Una película de Rosendo M. Diezma

«En los años 70 y 80, y en Sevilla, era muy especial ser coleccionista de arte contemporáneo o galerista, sólo los que hemos vivido esta magnífica experiencia lo sabemos. Y tú eras un coleccionista en activo porque no solamente comprabas arte contemporáneo, sino que también visitabas a los artistas con frecuencia para darles mensajes y contagiarles tu energía, producto de tu amor al arte. Quien no haya vivido los momentos maravillosos que tú y yo hemos vivido, no se puede imaginar lo gratificante que es el apoyar la creación.»

Juana de Aizpuru
20 de diciembre de 2024

RREINA es una película homenaje a la figura del coleccionista y comisario Jesús Reina Palazón, que celebra sus más de cuatro décadas de acompañamiento incondicional a artistas, galeristas, coleccionistas e instituciones artísticas. Una labor que le convierte, para siempre, en cómplice del arte.

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